lunes, 31 de octubre de 2011

Decidir


Es curioso pensar qué es aquello que nos hace pensar en decidirnos por una cosa u otra. Supongo que nuestras decisiones están condicionadas por pequeños recuerdos pasados que nos han producido diferentes sensaciones. Son como ráfagas de luz que te iluminan cuando mas oscuro está; aunque hay veces que esta luz nos ciega y no nos deja ver con claridad, nos desorienta y emborrona esos recuerdos efímeros convirtiéndolos en detalles, pequeños detalles en los que no nos detenemos, que nos hacen guiarnos por instinto y no por corazón.
Es probable que si nos fijásemos con precisión en esos detalles nos daríamos cuenta de que es lo que merece realmente la pena y de lo que queremos de verdad, y de los ilusos que podemos llegar a ser al pensar que vendrán mil y un detalles más. Pero de lo que no nos damos cuenta es que haríamos de ellos algo común, que no tendrían nada especial, que los dejaríamos pasar y con ellos las decisiones correctas.
Supongo que las decisiones, están condicionadas sobre todo por el momento, por la décima de segundo en la que elegimos; pero lo que está claro es que los detalles los guarda el corazón y siempre tenderá a matizar cada una de nuestras elecciones, intentando hacernos ver lo que queremos, no lo que pensamos que queremos; aunque a menudo solemos callarlo y acabamos desgastando con el tiempo esos pequeños detalles que antes lo significaban todo, y luego no significarán nada.
No sé si elegimos bien o mal, lo que está claro es que son los pequeños detalles los que que marcan las diferencias, tan solo hay que interpretarlos a tiempo.

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